Incentivos negativos

Julio 11, 2008

Los últimos años hemos visto múltiples acciones de gobierno, tanto del PP como del PSOE, y del gobierno español y de los gobiernos autonómicos, para incentivar la ciencia, como la introducción del programa Ramón y Cajal, del programa Torres Quevedo, del programa Ingenio, los incrementos en los presupuestos de proyectos y los incentivos autonómicos. También hemos visto mejoras en la evaluación, aunque a veces con un incremento innecesario de la burocracia. No obstante, y como la zanahoria, los incentivos “positivos” por si solos no son del todo efectivo.

Ahora que ha cambiado el rumbo de la economía, quizás es interesante pensar en medidas para mejorar la ciencia que no cuestan dinero, y que incluso pueden ahorrarlo. Aquí propongo, con algo de fantasía, algunos ejemplos de incentivos negativos: – hacer una evaluación de todos los centros del CSIC cada 5 años y cerrar unos pocos como resultado de estas evaluaciónes. Los funcionarios de estos centros se prejubilarán o se colocarán en otros centros, pero solo si estos otros centros los aceptan. Así los buenos encuentran una salida, los malos no, porque los otros centros no pueden arriesgarse a acogerlos. – hacer los sexenios caducables. Por ejemplo, si uno en los últimos 6 años ha tenido menos de 2 aportaciones relevantes, se le quita un sexenio. Si ha tenido entre 2 y 4 aportaciones relevantes, mantiene los sexenios que tiene, y si tiene 5 o más, obtiene un sexenio más. – hacer “rankings” de la investigación de todos los profesores de los áreas cada 5 años, empezando por los catedráticos, y prejubilar al último 0.1-1% de cada área. – recordar a todos los profesores universitarios que la LOU les obliga a investigar, y prejubilar a los que no lo han hecho nada durante los últimos 10 años. – evaluar todas las carreras universitarias duplicadas en cada comunidad autonómica, empezando con las que no tienen suficiente alumnado, y cerrar las peor evaluadas. – implementar un modelo de uso de espacio basado en necesidad, pagando un “alquiler” de los costes indirectos de los proyectos y el abandono obligatorio de espacios después de 2-3 años sin obtener proyectos, para evitar el actual despilfarro en nuevos edificios innecesarios. – eliminar los trámites de homologación de diplomas, al menos para títulos obtenidos en estados miembros de la Unión Europea. – poner un porcentaje tope de tesis “cum laude” (p. ej. el 10%), para que sólo los que realmente lo merecen obtienen esta distinción. – empezar evaluaciones de docencia universitaria, además de los hechos por los alumnos, por evaluadores que entran en las aulas y que observan la práctica y el plan de estudios.

Los incentivos positivos de ahora han tenido como resultado que un porcentaje significativo de los investigadores han incrementado la cantidad y calidad de su trabajo, pero otros muchos han seguido igual que antes. Aunque estas medidas “negativas” sólo afectarán a unos pocos, habrá muchos que “espabilarán” para evitar ser uno de estos pocos en el futuro, dando como resultado otro salto importante de la ciencia y tecnología española. Una excusa para no tomar este tipo de medidas muchas veces es la supuesta inmunidad de los funcionarios, pero si no se toman ahora, habrá un futuro, quizás bastante cercano, en que sobren funcionarios que tendrán que ser despedidos independientemente de su valía. Estas medidas seguramente serían impopulares entre algunos científicos, pero serían probablemente bienvenidas por el resto de la sociedad.

Mark van Raaij, tesorero de la AACTE

Vía: Asociación para el Avance de la Ciencia y la Tecnología en España

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