Entrevista a Carlos Martínez, Secretario de Estado de investigación.
Pregunta. ¿Cuáles son sus prioridades para esta legislatura?
Respuesta. Lo primero es transmitir al propio Gobierno, y sobre todo a la sociedad, que la apuesta por la investigación, el conocimiento, el desarrollo y la innovación es el camino para combatir los mayores problemas sociales de hoy, como el hambre, la crisis energética, los valores morales y éticos… No se pueden abordar estas cuestiones sin un conocimiento científico. Y eso es algo que debemos hacer desde este Ministerio.
P. ¿Qué sectores cree que merecen una mayor atención?
R. Hay que apostar por las tecnologías de las comunicaciones y la sociedad de la información, las nanociencias y nanotecnologías, la biotecnología, la salud y las energías alternativas. Las cinco son trasversales y las cinco son necesarias y permiten avanzar hacia la sociedad del bienestar. Si queremos ser un país solidario, y debemos serlo, tenemos que ser capaces de generar riqueza. No hay nada más insolidario que compartir la miseria.
P. ¿Cuándo estará lista la Ley de Ciencia?
R. Queremos aprobarla en el primer semestre de 2009. Se ha nombrado ya la comisión responsable de la redacción del documento final. En esa ley tenemos que incluir, lo primero, la posición de la ciencia en la España de 2008, que es muy distinta de la de 1986. Tenemos diecisiete comunidades autónomas, todas ellas con competencias en investigación. Por tanto, es nuestra obligación acordar con las comunidades los mecanismos y los programas de investigación que se lleven a cabo en España. Lo segundo es integrar el sector productivo, que en estos veinte años se ha ganado una tasa de liderazgo que no tenía en 1986. Y luego hay que reflejar también el desarrollo científico en España, que ha pasado de pesar, en el ámbito internacional, del 0,5 al 3,2 por ciento. Queremos contar en 2011 con el 2,2 por ciento del PIB. Además de incorporar 50.000 nuevos científicos para ese año, un número que crecerá hasta 300.000 hacia 2020.
P. Los jóvenes investigadores «suspenden» al sistema científico español, en el que no confían…
R. La perspectiva para los jóvenes científicos no me parece tan desastrosa como se pinta. El sistema de formación de jóvenes científicos está enmarcado en el llamado EPIF (Estatuto Personal de Investigadores en Formación), que en este momento contempla cuatro años, los dos primeros con derecho a Seguridad Social y los dos últimos, además, con contrato de trabajo y paro. Cobran 1.200 euros. Me gustaría saber qué otros becarios en otros ámbitos que no sean la ciencia cobran esa cantidad. Pero además de eso el Gobierno contempla aumentar esa suma en esta legislatura hasta 1.400 euros para el primer periodo y 1.700 euros en el periodo de contrato. Y además pasar la fórmula de dos y dos años a «uno más tres», es decir, uno sólo con Seguridad Social y los otros tres con contrato.
P. ¿Y la carrera científica?
R. Necesitamos ponerla en marcha. Y nos hemos comprometido a tenerla terminada y aprobada entre este año y 2009. Esto debe ir aparejado además con la creación de puestos de trabajo. Y no sólo para los investigadores, sino también para los técnicos, que son clave para garantizar el éxito de las investigaciones. La otra parte es la incorporación a nuestro sistema de los mejores científicos internacionales. No estamos formando suficientes científicos y la única forma de ser competitivos es incorporando a nuestro sistema los mejores en cada área de conocimiento, con independencia de su lugar de nacimiento. Queremos hacer de España la California de Europa, un espacio atractivo al que todos quieran venir. Es un proyecto muy ambicioso y si no lo conseguimos será un fracaso mío y también del gobierno.
P. El Ministerio de Ciencia asume competencias que hasta ahora eran de Sanidad. ¿Para cuándo el Real Decreto que establezca de una vez quién se ocupa de qué?
R. En ese tema no hay confusión posible. El Real Decreto de constitución de este ministerio lo deja claro. El Ministerio de Ciencia e Innovación deberá agrupar todas las actividades asociadas con la investigación que realizaban los diferentes ministerios. Sanidad tenía el Instituto Carlos III, que se dedicaba a la investigación sanitaria y automáticamente ese instituto pasa a integrarse en Ciencia. Es verdad que no está aprobado aún el Real Decreto de estructura de los ministerios, no de este sino de ninguno, porque el Gobierno quiere que se publiquen todos a la vez, y eso genera algo de retraso.
P. ¿Qué hay de los centros del Carlos III que no son estrictamente de investigación?
R. Es verdad que hay aspectos que necesitan ser coordinados por Sanidad, y por supuesto crearemos los instrumentos necesarios para que Sanidad lleve a cabo todas las funciones que le corresponden. Lo que el presidente Zapatero intenta con este Ministerio es garantizar la máxima efectividad y eficacia en las actuaciones.
P. ¿Afecta eso también al Consejo de Bioética, que fue puesto en marcha por Bernat Soria?
R. Sanidad puso en marcha la Ley de Investigación Biomédica, uno de cuyos fines era regular la investigación en el ámbito sanitario. Y esa investigación, ahora, se adjudica al Ministerio de Ciencia, y por tanto todo el desarrollo de la Ley de Biomedicina es competencia de este ministerio. Y una de las actividades que contempla esa ley es la puesta en marcha de un Comité de Bioética que, lógicamente, pasa a incorporarse a Ciencia. No hay dudas en eso. Es todo lógico y muy claro.
P. ¿Está a favor o en contra de patentar células madre?
R. Es un ejemplo claro que ilustra la incapacidad de la sociedad, e incluso de la comunidad científica, para absorber lo rápido que va la investigación, que en este campo ha ido incluso por delante de la imaginación. Las células madre se identifican en los ochenta, pero la capacidad de generarlas a partir de cualquier célula somática, por reprogramación, no tiene más de cuatro años. Era algo inesperado. Por eso creo que en este campo la generación de patentes tiene poco sentido, porque a partir de estos experimentos de reprogramación celular, uno es capaz de crear en laboratorio células madre a nivel individual a partir de un cabello. Y esto abre unas expectativas que rompen todas las posibilidades que habíamos contemplado hasta hace muy pocos años. Creo que esto es un beneficio tan importante y con tantas implicaciones que es un bien al servicio de la sociedad. Son avances que implican incluso una reinterpretación de nuestros principios éticos y morales, y por tanto no deben ser objeto de patente.
Autor: José Manuel Nieves